Explorando el Braintrust

Claves para aprender a conversar

Seguramente todos conocemos a Woody, el protagonista de Toy Story, y a otros icónicos personajes de Pixar como Mike Wazowski o Nemo. Lo que muy pocos saben es lo que sucede por detrás, donde estos personajes cobran vida. Existe un esfuerzo humano consciente que utiliza una difícil técnica: conversaciones enriquecedoras.

En su revelador libro Creativity, Inc., Ed Catmull comparte un concepto clave: el "Braintrust". Este término no es más que una conversación sincera entre colegas, pero su impacto es fundamental para el éxito de las películas de Pixar.

Braintrust aplicado a los increíbles

En un espacio seguro, con ciertas reglas para conversar, los miembros de Pixar se sumergen en el análisis de una escena de “Los Increíbles”. Para aquellos que ya disfrutaron de la película, pueden pasar al siguiente párrafo.

En "Los Increíbles", seguimos la historia de una familia de superhéroes retirados. Bob, el padre de familia, enfrenta un "síndrome de abstinencia" al ya no poder dedicarse a salvar el mundo, enfocándose en su familia. En un momento, Helen, la esposa, le recrimina una situación en la que Bob intentó salvar el mundo sin su consentimiento, llegando tarde a casa.

En medio de la discusión entre Bob y Helen, las voces se elevan, y surge la preocupación de que la representación de Bob resulta demasiado agresiva hacia su esposa. La sugerencia en la mesa es cambiar el diálogo.

El director de la película analiza la situación, coincidiendo en la necesidad de un ajuste, pero decide abordarlo de manera diferente. Opta por magnificar a Helen, utilizando sus superpoderes de elasticidad mientras ella le grita. Esta elección visual comunica de manera efectiva que Bob no es una amenaza, sino que se trata de una discusión entre iguales. No se cambia el diálogo en si, sino la forma de representarlo visualmente.

Para los que tengan curiosidad, acá está la escena.

¿Qué pasó, y cómo llegaron a esta conclusión?

En el proceso creativo de Pixar, el Braintrust es una herramienta clave. Este espacio seguro reúne a los miembros del equipo para analizar a fondo la película en producción. Este espacio tiene ciertas características fundamentales para su efectividad.

El Director de la película presenta la situación, que NO es la película completa. Puede ser cualquier parte de la misma, desde bosquejos hasta escenas completas, incluso animaciones sueltas de los personajes.

El proceso sin concluir, favorece la incorporación de feedback

La clave radica en que la obra no está terminada, lo que coloca al Director en una posición abierta a recibir críticas. Si la película estuviera completa, el apego podría dificultar la incorporación de nuevas perspectivas.

Esto es lo que nos suele pasar cuando trabajamos mucho tiempo en algo, o en una dirección determinada. Cuesta mucho evaluar que puede ser la dirección equivocada, porque esto implicaría tácitamente asumir que hemos estado equivocados durante mucho tiempo. 

En el proceso de escribir este blog, descubrí que a este sesgo cognitivo los psicólogos llaman: “Falacia del costo hundido” (sunk cost fallacy). Punto a explorar en futuras ediciones.

El grupo no tiene autoridad para imponer el cambio

Aunque el grupo puede expresar cualquier comentario, carece de la autoridad para imponer un cambio. La responsabilidad de interpretar y aplicar sugerencias recae exclusivamente en el Director. Este enfoque permite una dinámica donde la crítica constructiva fluye libremente, fomentando mejoras sin sacrificar la visión del Director.

Franqueza vs Sinceridad (Candor vs honesty )

Esta característica del Braintrust me parece tan importante, que la incluí en un apartado exclusivo. Al crear un espacio seguro, hay que promover que los miembros del equipo expresen realmente lo que piensan, incluso cuando pueda resultar doloroso (diría que acá es más importante). Esto es lo que verdaderamente permite al grupo ver una nueva realidad. 

Una de las barreras que identifican es pedirle a la gente que hable con “honestidad”, o “sinceridad”, al solicitar que hablen abiertamente. Recomiendan cambiar esto por la palabra “franqueza”. Según el libro:

“Todo el mundo sabe que, a veces, ser reservado es algo saludable e incluso necesario para la supervivencia. Nadie piensa que no ser del todo franco te convierta en una mala persona (en cambio, no admitimos ser considerados deshonestos). La gente se sentirá más dispuesta a hablar de su nivel de franqueza si está segura de que no va a haber represalias por admitir que en ocasiones se calla la boca”

Calibrar el nivel de franqueza con el que habla el grupo, es un elemento clave para producir cambios. A veces, guardarnos ciertos comentarios puede ser lo adecuado, sobre todo cuando son de tinte personal y los detalles ya no modifican el mensaje, sino que simplemente son hirientes. Por otro lado, un silencio puede ser cómplice de una situación injusta o un freno para evolucionar.

“La sociedad humana está mal tanto por las fechorías de los malos, como por el silencio cómplice de los buenos”

Facundo Cabral

La calidad del diálogo, define la acción.

Explica Andrés Silva en su libro “Dónde está el líder?” que existen cuatro niveles de diálogo, resumidos en el siguiente gráfico:

Plática amable

En este cuadrante, básicamente digo lo que el otro quiere escuchar. Puede ser evitando conflictos o expresando opiniones, que sé que son bien recibidas

Solía suceder que cuando visitaba a mi novia, mi suegra preparaba deliciosos sándwiches de pollo. Un día, de manera proactiva, se incorporó el cilantro; al parecer, hay quienes encuentran placentera esa combinación (no los juzgo, hay lugar para todos en este mundo). Yo, con vergüenza, no me animaba a pedir que, por favor, excluyeran el cilantro; me parecía, como mínimo, descortés. Ese día, en silencio y sin conciencia, firmé mi sentencia de comer cilantro durante unos meses.

El debate

El debate es mucho más que una simple discusión; es un enfrentamiento en el que, sinceramente, no escucho lo que el otro realmente quiere expresar. La confrontación es evidente y, en ocasiones, puede volverse personal. A veces, se enmascara con silencio, simplemente para respetar la convención social y parecer respetuoso, pero la lógica subyacente es esperar el momento adecuado para expresar lo que de todas maneras se iba a decir.

En este terreno, tomo las palabras de manera personal, y cada expresión duele porque se siente dirigida directamente a "mí". En LATAM, muchos de los debates actuales, como izquierda vs. derecha o discusiones sobre orientación sexual, están en este nivel.

La escucha empática

Este estadio exige madurez para dialogar con aquellos que tienen profundas diferencias. Aquí, no renunciamos a nuestras posiciones, pero ponemos en pausa nuestras propias creencias e intentamos ver la realidad a través de la percepción del otro.

Diálogo generativo

En el diálogo generativo, las diversas ideas fluyen, y al final, el grupo alcanza un compromiso. Sin embargo, trazar una línea para determinar las contribuciones personales resulta difícil. La idea se siente como propiedad de todos, lo que fortalece el compromiso colectivo.

Recuerdo cuando mi esposa y yo enfrentamos la tarea de elegir nombres para nuestros hijos. Las conversaciones fueron tantas que hoy resulta imposible atribuir exclusivamente una idea a uno u otro. La responsabilidad compartida en la búsqueda de libros, referencias en el árbol genealógico, preferencias y desacuerdos, referentes que motivan (o desmotivan), todo contribuyó hasta que, finalmente, llegamos a una conclusión. En ese punto, ya no podíamos distinguir exclusivamente el origen de la idea, pero lo que quedaba claro era el compromiso y la claridad que generaba.

Reflexión sobre los cuadrantes

Solamente en los niveles de arriba puede cambiar algo. En los niveles de abajo, básicamente lo que hacemos es mantener el status quo.

Mencionaba “calibrar” la franqueza, porque reconociendo nuestras limitaciones, también es importante entender cuando hablar, y cuando puedo guardarme algo en el fondo de mi corazón. Creo que el cuadrante que presenta Andrés, es una herramienta clave para tener conciencia desde que lugar estamos hablando, y poder comprender cuales son las situaciones que realmente estoy dispuesto a cambiar, y en cuales tengo que convivir.

Solamente en los niveles de arriba puede cambiar algo. En los niveles de abajo, básicamente lo que hacemos es mantener el statu quo: Plática amable y Debate.

“Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia”

Reflexión final

En todos los ámbitos de interacción humana, las conversaciones de calidad son esenciales. La calidad de estas conversaciones se ve influenciada por diversos factores, incluidas las características personales. Sin embargo, podemos influenciar positivamente una conversación teniendo en cuenta:

  1. Espacio seguro, tiempo y lugar: Garantizar un entorno donde todos se sientan cómodos y seguros para expresar sus opiniones.

  2. Reglas claras para todos: Establecer normas que todos comprendan y respeten, promoviendo un diálogo efectivo y respetuoso.

  3. Conciencia del tipo de diálogo propuesto: Entender el nivel de diálogo en el que nos encontramos, ya sea plática amable, debate, escucha empática o diálogo generativo.

  4. Respeto a la soberanía de quien implementa los cambios: Reconocer la autoridad y responsabilidad del líder o responsable de interpretar y aplicar los cambios sugeridos.

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